La propiedad territorial fue el tema más importante en la vida de nuestros ancestros, pues todos sus recursos económicos provenían de la tierra.

Pero hay que entender que el concepto de propiedad que había en la Francia de siglos pasados no era el mismo de hoy. No existía la propiedad individual para todos. El concepto de propiedad de la tierra era un concepto muy relativo.

En realidad, aún hoy, hablar de propiedad de un terreno, que es un espacio dimensional, también es un concepto difuso. Nunca se es "dueño", en el sentido de plena posesión, de un terreno, sino del derecho a tener acceso, a controlarlo, disponerlo o habitarlo. No se es dueño de lo que hay debajo; si hubiera recursos mineros, son del gobierno; no se lo puede movilizar, ni mudarse con él, ni tampoco destruirlo. No se lo puede "poseer", como a un escritorio. No se puede hacer lo que uno quiera; no se puede hacer nada que afecte a los vecinos o a la comunidad. Para edificar sobre él, hay que pedir autorización, que estará condicionada a los planes urbanísticos. Si el Estado necesita el lugar para hacer una obra pública, lo confiscará y pagará una indemnización. Y el derecho de propiedad siempre está condicionado a que se paguen los impuestos territoriales; caso contrario, se pierde. Aún hoy, la propiedad territorial está lejos de ser una plena propiedad. Es un derecho constitucional, pero tiene muy severas limitaciones. Es más un usufructo a perpetuidad de un territorio comunal, provincial o nacional con la posibilidad de enajenerlo o transmitirlo en sucesión.

Pero, de todas maneras, la propiedad de nuestros ancestros distaba mucho de ser lo que es hoy.

HISTORIA DE LA PROPIEDAD EN FRANCIA:

Todos los principios y legislaciones sobre la propiedad territorial de la Francia medieval fueron heredados del Derecho Romano. Durante su dominación en Francia, el Imperio Romano había instituído sus leyes, pilares de todo el derecho civil, que eran muy detalladas y específicas. Los romanos consideraban al derecho de propiedad como exclusivo, absoluto y perpetuo. Y le daban a la propiedad 3 atributos básicos: el usus (derecho a usar la propiedad), el fructus (derecho a disponer de sus frutos o rentas) y el abusus (derecho a disponer del bien, venderlo o destruirlo). El ejercicio de este último extinguía la propiedad. Cuando se ejercían los 3 derechos se hablaba de propiedad plena. Si no se ejercían los dos primeros, y se les daba a un tercero, se hablaba de nuda propiedad. El usufructo era para los romanos el derecho a disfrutar de la propiedad de un tercero mediante el pago de un impuesto. Entonces ellos llamaban a la propiedad del dueño principal "propiedad directa" y al derecho del usufructuario "propiedad útil". Estos son exactamente los conceptos que se heredan en la Francia de los señores feudales.

Pero como todo en el Ancien Régime, la evolución de la propiedad territorial se fue confundiendo en una sucesión de eventos sin planificación y sin visión de conjunto. Y lo que originalmente fue un sistema más o menos ordenado y cuidadosamente legislado, se transformó en una serie de superposiciones de derechos entre individuos e instituciones y un exceso de poder por parte de los sectores dominantes.

LA PROPIEDAD FEUDAL:

Desde la conquista del Imperio Romano por Julio César, en el 52 A.C., el territorio de la actual Francia se había dividido en el año 27: La Galia Narbonesa, (Gaule Narbonnaise) que era directamente parte de Roma; la Galia Belga, la Aquitania y la Galia Lionesa; las provincias de los Alpes eran propiedad personal del Emperador. A la llegada de los primeros pueblos bárbaros a Francia, durante el siglo IV, en el momento del debilitamiento y caída del Imperio Romano, aparecen los Francos, pueblo germano que viene desde la margen izquierda del Río Rhin, desalojados por las invasiones de los hunos. También los visigodos y los burgundios. Estos pueblos son nómades, y entran en el territorio de la Galia Romana y conquistan sus tierras. Conquistar es, lógicamente, entrar, matar unos cuantos, desalojar a los habitantes, quedarse con sus tierras y sus mujeres, su ganado y sus cultivos. Sin embargo, muchas ocupaciones, como la de los burgundios, fueron pacíficas. Estos pueblos no tenían mucho sentido de propiedad individual, pues eran nómades. Los lugares que habitaban eran comunales. Suelen pelear entre ellos, y también luchar contra los ejércitos romanos que tratan de reconquistar la zona. Por este motivo, mediante Asambleas Comunales, organizan milicias, y eligen un jefe o general a cargo de la conducción militar. Estos jefes serán el embrión de lo que más tarde serán los barones o señores feudales. A estos señores se les dará una porción de tierra para vivir y levantarán defensas amuralladas, con torres altas para la vigilancia, y rodeadas de fosos y puentes levadizos, que serán los castillos. Se crea la jerarquía medieval: ellos serán atendidos y servidos por el resto de los habitantes, generando convenios de obligaciones recíprocas: el señor del feudo, jefe de los ejércitos, se comprometerá a la defensa de los territorios y la seguridad de sus habitantes, y a encargarse de impartir justicia, y comenzará a cobrar dádivas (que luego serán "impuestos", por imposición, perdiendo su carácter voluntario) de sus vasallos -primero en porcentajes de sus cultivos o en tareas de trabajo gratuitas, luego en moneda- y sus vasallos se comprometerán al pago de estas contribuciones, y a entrar en el servicio militar en caso de guerra. También en caso de guerra, estas fortalezas deberán servir de refugio para toda la población, especialmente mujeres, niños y ancianos. Entre todas las villas organizadas algunas se vuelven más importantes por tener una mejor posición estratégica, y servirán de refugio a los habitantes de las demás poblaciones en caso de peligro. Por su posición central, entonces, se transforman en "Condados" (Graffios) y los barones feudales de las villas más pequeñas pasarán a ser sus vasallos. A su vez, los condados se agrupan en alguna posición central más importante, que será el "Ducado". Con los primeros reyes Merovingios se agrupan muchos ducados como vasallos del rey y otros permanecerán independientes. Al principio, los barones feudales eran elegidos por asambleas populares, pero con el tiempo, el cargo permanece en la familia y se vuelve hereditario. Por este motivo, los castillos y las tierras de estos señores se transforman en propiedad directa de sus familias por muchas generaciones. Las tierras que habitan los vasallos entrarán de a poco a formar parte del territorio del señorío, por la necesidad de protección. Las partes no habitadas serán tierras comunales, que cualquiera puede usar para pastoreo o cultivos estacionales. Lo que está por fuera de estas tierras pertenecerá al condado, y lo que está más allá del condado, (la mayor extensión de praderas, lagos, pantanos, y bosques) al ducado, o al reino, o a la Iglesia.

LA PROPIEDAD DE LA IGLESIA:

Con el bautismo de Clovis I, uno de los primeros reyes de la dinastía merovingia, al fin del Siglo V, y su alianza con el clero, la Iglesia afianza sus posiciones en el territorio, y el reino les otorga más tierras para habitar con sus monasterios, conventos e iglesias. Pero ocurre que los sacerdotes tienen un poder muy importante que los barones feudales no tienen: permiten la entrada al paraíso. En definitiva, se vuelve común que muchos señores al morir donen sus tierras o parte de ellas al clero, para asegurarse un lugar en el cielo. Primero en forma voluntaria, luego esto se vuelve prácticamente una obligación. Cuenta Montesquieu que "todo aquel que moría sin donar sus bienes o parte de ellos a la Iglesia quedaba privado de la extremaunción y una sagrada sepultura". Dentro de los territorios de la Iglesia también había habitantes, y cultivadores. Estos pagaban al clero un impuesto que se llamaba "el diezmo" (le dîme), que consistía en un décimo de sus cosechas. Lógicamente por la protección militar debían también pagar impuestos al condado y al ducado. En tiempos medievales los sacerdotes eran los únicos que recibían instrucción, y la impartían a la población, a cambio de ser alimentados y cubiertos en sus necesidades por ellos. Serán también los encargados, en convenios con la nobleza, de proporcionar servicios de salud y abrir hospitales gratuitos. La Iglesia siempre estará exenta de pagar los impuestos reales y ducales, por lo cual sus propiedades aumentarán sin cesar con el paso de los siglos. La característica, además, de la propiedad del clero es que era inalienable, o sea que no se podía modificar su dominio por transferencia, venta, ni podía ser confiscada por el Estado. La Iglesia llegó a poseer un 6% de todo el territorio de Francia.

Entonces, qué era la propiedad?

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