El régimen sucesorial no sólo regula la relación de los bienes familiares a través de las generaciones, sino que además modifica la distribución de la propiedad en la sociedad.

Antes que se unificara la legislación sobre sucesiones en la Revolución Francesa y el Código Napoleónico, las leyes que regían sobre este tema eran diversas y variables, de acuerdo a la región de Francia de donde se tratara.

El Régimen Sucesorial en el Ancien Régime:

Como todo el Ancien Régime, el régimen de sucesiones , como las demás leyes, no era el mismo para toda Francia. Antes de la Revolución Francesa, convivieron siempre dos sistemas jurídicos tradicionales; al Norte, el Derecho de Costumbres, y al Sur, El Derecho Romano o Escrito. Pero además, una parte de las sucesiones se regían por el Sistema Feudal.

El Derecho Romano o Escrito del Sur era esencialmente individual. El propietario tenía la facultad de disponer libremente de sus bienes. Es la voluntad la que crea los herederos. Los hijos podían recibir su parte legítima, la mitad o un tercio de los bienes. El resto lo podía disponer a su antojo. Legarlo a los parientes, a alguna persona relacionada, donarlo a quien quisiera, o repartirlo entre los demás hijos. Como herencia del Derecho Romano antiguo, sólo hereda la parte de los hijos, generalmente, en este sistema, el hijo mayor, el primogénito. Preferentemente el hijo varón, aunque esto varía según las regiones. Entre los vascos la tradición era que heredaba el hijo o la hija mayor, no importando si fuera hombre o mujer. Los demás hijos no heredaban. Podían ser dotados si se casaban. Las mujeres -excepto entre los vascos- casi nunca heredaban, sino que eran dotadas. Los demás hijos -que se los llamaba "cadetes", a los menores-, debían buscar casarse con alguna heredera, o en caso contrario, quedarse trabajando con el hijo mayor o emigrar. Es un sistema destinado a la conservación de la propiedad familiar. Al no dividirse nunca la tierra, ésta se conserva con sus mismas dimensiones intacta por generaciones. Los bienes muebles se podían repartir libremente entre todos los herederos.

El Derecho Germano o de Costumbres, de Paris y el Norte de Francia, era distinto. Aquí es la ley la que crea los herederos; no hay caprichos individuales. Los hijos heredan por partes iguales, generalmente -según las regiones- también sólo los hijos varones. No hay derecho de primogenitura. Es un sistema enfocado a la división de bienes, y al desarrollo del individuo. Por lo tanto, las propiedades no se conservan intactas, sino que tienden a lotearse o fraccionarse. Por contrapartida, en este sistema los herederos no pueden disponer a su antojo de los bienes heredados; deben conservarlos hasta legarlos. Sólo pueden disponer de lo que han adquirido con su propio trabajo individual, o de los bienes muebles. En este sistema, no es el individuo el que conserva la propiedad, sino la familia en su conjunto. Es decir que, ni este sistema ni en el anterior, estamos hablando de propiedad plena: solamente se dispone del uso y de los frutos de la propiedad, pero no del abuso (facultad de terminar el derecho de propiedad de un bien, vendiéndolo, p. ej.) : el atributo del abuso queda siempre dentro de las familias.

Valga aclarar que estamos refiriéndonos siempre a la herencia de propiedades directas, no útiles. Las propiedades útiles, aquellas que se poseían en usufructo, pero eran propiedad directa de un señor, no eran pasibles de sucesión. Cuando el propietario usufructuario fallecía, la propiedad volvía al señor de la tierra. Este podía -si quería- volver a entregarla en usufructo a los herederos del fallecido o disponerla de otra manera. En algunos casos se permitía la venta del usufructo a un tercero, pero pagando un fuerte impuesto a las mutaciones. Y el señor tenía el derecho de preeminencia, o sea podía anular la venta y recuperarla, pagando una suma estipulada de dinero.

El Derecho Feudal, manejaba las sucesiones de otra manera. Estas eran las sucesiones que correspondían a la nobleza, y aquí jugaban otros factores. No sólo se heredaba la tierra, sino los títulos de nobleza, que iban adjuntos a ella. Y se heredaban como "propiedad" los derechos de cobrar impuestos. Como las mujeres no transmitían la nobleza a sus descendientes, casi nunca heredaban. Podían heredar una tierra o un título, pero no transmitirlos a sus hijos. En este sistema también hereda solamente un hijo promogénito, casi siempre varón. Incluso en el caso de que hubiera hijas mujeres se les dejaba la herencia al hijo varón mayor entre los varones. En este régimen sucesorio también se promueve la concentración de bienes, y no su división.

Debido a que no había leyes específicas que reglaran las sucesiones de manera uniforme en toda la nación, siempre debían hacerse testamentos. Todo el mundo los hacía. Había un sentimiento de querer dejar las cosas en orden para poder descansar en paz en el otro mundo. Era común también que muchos nobles o señores donaran parte de sus bienes a la Iglesia. Dado que gran parte de la población (incluso muchos nobles) era analfabeta, era frecuente que interviniera un notario, que redactaba la minuta testamentaria.

Las actas testamentarias son una riquísima fuente de información sobre los ancestros. Están conservadas en la serie E de los Archivos Departamentales de Francia, en "minutas notariales". Pueden estar en los archivos comunales o departamentales. Desde el 26 de Octubre de 1796 las comunas son propietarias de esos archivos. Por una Ley del 21/12/1970 las comunas de menos de 2.000 habitantes deben entregar a los Archivos Departamentales los archivos de más de 150 años de antigüedad. Allí se pueden encontrar datos interesantísimos sobre nuestros antepasados, hasta, por ejemplo, el legado del mobliliario que usaban, o el legado de la ropa que tenían, y a quién se lo dejaban.

 

El Régimen Sucesorial en la Revolución Francesa:

Es especialmente hacia la modificación del régimen sucesorial donde los legisladores de la Revolución se enfocan enérgicamente. Esta repartición de sucesiones implicaba, por consecuencia, la distribución de la tierra y debía estar situada dentro de su nueva visión de la propiedad. La propiedad debería ser accesible a todos los individuos, sin distinciones. Se establece, en el primer proyecto de Código Civil, la igualdad total y absoluta de los descendientes, la cual subsistirá en los posteriores proyectos. Ellos quieren la multiplicación de propietarios, y activos flexibles y móviles, que puedan ser transferibles sin problemas. En el 3er. proyecto de Código Civil, se incrementa la participación no sólo de los descendientes, sino de los colaterales (hermanos, tíos, sobrinos). En esta inmensa estructura del nuevo edificio de leyes todo debe encajar como un mecanismo de relojería: al restringir el poder absoluto de los padres sobre la familia, también se les quita, entonces, la potestad de testar a su antojo. Los legados deben ser hechos conforme a la ley, con división igualitaria de los bienes entre los descendientes. Los hijos naturales, asimismo, son asimilados a la herencia, si están reconocidos dentro del período matrimonial o antes. Los hijos ilegítimos gozarán de los mismos derechos sucesorios que los legítimos. Desde la Asamblea Constituyente a la Convención, todos estos principios se van reafirmando y Cambacérès debe luchar contra los defensores del antiguo sistema de derecho escrito para ir volteando poco a poco sus objeciones. Justamente la primer batalla jurídica que se gana contra estos conservadores se da en el terreno de las sucesiones. A partir de 1793, queda definitivamente establecido: el derecho sucesorio será igual para todos los hijos e hijas, y los padres no podrán por voluntades testamentarias desheredarlos. El testamento queda prácticamente prohibido. Los principios jurídicos y filosóficos de la Revolución eran que el derecho de propiedad y de testar eran creaciones sociales, y no derechos naturales. Esto lo sostenían Rousseau, Maleville, y los convencionales y los constituyentes. Pero, aquí viene el mayor problema: para conjugar la libertad de disponer, como derecho natural, con la igualdad de derecho de los hijos, debe llegarse a un término equidistante: entonces, se deja al padre la libre disponibilidad de un 10% de los bienes para disponerlo a su antojo. En 1800, al arribo al poder del Consulado, este porcentaje se incrementará al 25%, (un 1/4) e irá disminuyendo de acuerdo a la cantidad de hijos que se dejen como herederos. Por lo tanto, al tener muchos descendientes, el padre queda a disposición de casi nada. El cónyuge sobreviviente, en el tercer proyecto de Código Civil, queda prácticamente excluído y bajo la tutela de los hijos.

Sin embargo, los revolucionarios, en su afán por dar plena libertad a todos los actos civiles, también ampliaron la libertad de las donaciones en vida y de la transferencia de los bienes objetos de la sucesión (atributo de terminación del derecho de propiedad o ab-usus). Mediante ésto, se facilitó que, por el costado, los padres pudieran, de todas maneras, distribuir los bienes a los hijos que ellos deseaban, mediante la venta a un tercero y la recuperación luego del bien hacia uno o más de los hijos. En el antiguo Derecho Escrito del Sur de Francia los bienes objetos de sucesión eran prácticamente inalienables.

Lo que sí instala la Revolución Francesa y queda para siempre, es un impuesto a las sucesiones, que en su inicio fue un 1% de la valuación de los bienes, pero luego fue subiendo hasta llegar a un 40% en 1920, y después bajó al 15%.

El Régimen Sucesorial en el Código Napoleónico:

Al promulgar Napoleón Bonaparte el Código Civil de Francia en 1804, muchas de las ideas de la Revolución habían sido re-examinadas y corregidas por el nuevo sector gobernante de la alta burguesía. En cuanto a las sucesiones se mantendrá la igualdad del derecho sucesorio para todos los hijos por igual, pero se introducirán variantes. En el Código de Napoleón, que le dio una gran importancia al tema de la propiedad, las sucesiones están dentro del capítulo "Diferentes maneras de adquirir la propiedad".

El Código Civil de 1804 decía, en su art. 718: "las sucesiones se abren por muerte natural o por muerte civil". Al perder todos los derechos de ciudadanía, -muerte civil- la persona perdía también sus bienes y debía legarlos.

En su art. 723 dice: "La ley regula el orden de suceder entre los herederos legítimos; luego, a los hijos naturales; si no hubiera, al cónyuge sobreviviente, y en su defecto, los bienes pasarán a manos de la República".

Ahora bien, cómo era este orden de "herederos legítimos?" Art. 731: "Las sucesiones se difieren a los hijos y descendientes del difunto, y a sus ascendientes y parientes colaterales, en el orden que sigue:" Art. 733: "Todas las sucesiones a los ascendientes o parientes colaterales, se dividen en dos partes iguales: una para la línea paterna y otra para la materna". Luego establece lo que son líneas directas y colaterales: en línea directa se cuentan los grados de ascendencia entre las personas: los hijos y padres en primer grado, los abuelos y nietos en segundo. En línea colateral, (los que descienden de un autor común), los hermanos son de segundo grado, los tíos y sobrinos, de 3º, los primos hermanos de 4º, etc.

Art. 745: Los hijos o sus descendientes suceden en primer grado a sus padres, madres, abuelos, sin distinción de sexo ni de primogenitura, y aunque sean surgidos de diferentes matrimonios. Serán sucesores en partes iguales y por cabeza...".

Si el difunto no tiene hijos o hermanos, serán sucesores los ascendientes, mitad en línea paterna y mitad en línea materna. Si una persona muere sin hijos descendientes, ni ascendientes, padres o abuelos, los hermanos serán llamados a la sucesión, excluyendo a los demás colaterales. Si hay ascendientes y colaterales vivos (padres y hermanos) se repartirán por mitades los bienes. Pero si solamente hay un ascendiente (padre o madre vivo) los hermanos se llevarán los 3/4 de los bienes. Los parientes después del 12º grado de parentesco ya no heredan. Por último, a falta de demás herederos legítimos, heredarán los hijos naturales (no reconocidos). Si no hay herederos legítimos o hijos naturales, heredará el cónyuge superviviente. Para esto debe requerirse una autorización judicial, y la viuda queda sujeta a que no se presenten posteriormente herederos legítimos, en cuyo caso deberá restituir los bienes. Las mujeres casadas no pueden aceptar una sucesión válidamente sin autorización de su marido o de la Justicia.

Se establece además la sucesión con beneficio de inventario. Si el inventario que se hace, menos las deudas y los gastos de sucesión, es negativo, los herederos podrán rechazar la sucesión.

Posteriores Modificaciones:

Actualmente (por una nueva ley del 1º de Julio de 2002) todo esto se ha modificado de esta manera:

Ante la presencia de un cónyuge superviviente e hijos legítimos, hay dos opciones: el cónyuge superviviente puede heredar: 1) O 1/4 de la plena propiedad, y los hijos los 3/4 de la plena propiedad, o 2) Toda la propiedad en usufructo, pero los hijos mantienen la nuda propiedad (pueden enajernarla). Si los hijos no son todos del matrimonio, entonces el cónyuge superviviente no tiene opción: recibe sólo 1/4 de la plena propiedad. Si no hay hijos, el cónyuge superviviente no hereda automáticamente; debe compartir en las mismas proporciones (1/4 o usufructo del total) con los parientes colaterales. En ausencia de un cónyuge sobreviviente, y sin descendientes, los bienes pasan a los ascendientes y colaterales. Y, por último, al Estado.

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