El matrimonio crea la familia y la descendencia. Pero la idea de matrimonio no fue igual, ni en forma ni en contenido, en todas las épocas del pasado. Fue, en la Francia de los tiempos del Imperio Romano, un acto familiar patriarcal con legislación sobre los bienes patrimoniales. En las zonas con menos influencia de los romanos, un acto familiar o comunal. Luego se transformó en un acto religioso de la Iglesia Católica, hasta llegar a ser un sacramento. Y finalmente, luego de la Revolución Francesa, en una institución civil, con una estructura legal emanada del estado.

La legislación francesa recibió una importante influencia de las leyes de Roma.

EL MATRIMONIO BAJO EL IMPERIO ROMANO

Estas costumbres influenciaron todo el sur de Francia: es decir, las regiones de Derecho Escrito.

La sociedad romana era fuertemente patriarcal. La Patria Potestas se ejercía de por vida y regulaba todos los actos de la familia. La edad núbil era 12 años para las mujeres y 14 años para los hombres. Para los romanos la forma del matrimonio no revestía mayor importancia, sino sus efectos patrimoniales y sucesorios. Las mujeres no tenían ninguna facultad de administración de los bienes, y el próximo en la familia que heredaba los bienes y su administración al morir el padre, era el hijo varón primogénito. Los matrimonios romanos estaban regidos por costumbres sociales discriminatorias: no se permitía de ninguna manera la unión de patricios con plebeyos. Los que no eran ciudadanos de Roma, como los extranjeros o los esclavos, no tenían derecho a casarse en iusta nuptiae, por lo que tenían que unirse en concubinato. En la sociedad romana no había matrimonio sin expreso consentimiento del padre de familia de cada cónyuge, y se acostumbraba dotar a los hijos cuando se casaban. En el caso de la dote aportada por el marido, está claro que él se dotaba a sí mismo, pues la mujer no disponía de los bienes. Tenían dos tipos de dotes o donaciones: las dotes entre vivos (donationes inter vivos) y las dotes en caso de muerte (donationes mortis causa), que luego serían las sucesiones. Dentro de las primeras, distinguían las donaciones ante nuptias o propter nuptias, que eran las dotes matrimoniales, y que aparecen cerca del año 450 AC con la Ley de las Doce Tablas, primera legislación romana escrita. Todo este tipo de dotes y sucesiones eran condicionales y revocables a voluntad. El matrimonio, entre los romanos, no se consumaba con la unión carnal, sino con el contrato matrimonial, que era un verdadero acuerdo entre familias. La falta de cumplimiento del pago de la dote anulaba el matrimonio. Cerca del año 20 DC el emperador César Augusto dicta leyes penalizando el adulterio, y dando a los padres el derecho a matar a su hija adúltera y a su amante, y al cónyuge engañado el derecho de matar al amante de su esposa y divorciarse. El adulterio del marido no era penalizado. En Roma existía el divorcio; dado que la base del matrimonio era el mutuo consentimiento, cuando éste ya no existía, se consideraba terminado por repudium, o sea, la anulación del mutuo acuerdo. La mujer divorciada recuperaba su dote, excepto en el caso de adulterio cometido por ella. Los matrimonios de los romanos no se registraban en ningún lado: bastaba la prueba del contrato matrimonial o la presunción de vida en común durante una determinada cantidad de años. Estaban prohibidos los casamientos entre parientes cercanos; hermanos, tíos y sobrinos; entre parientes políticos (afinidad parental) y entre padrinos de bautismo y madre o madrina y padre (afinidad espiritual).

EL MATRIMONIO EN LOS REINOS FRANCOS

Estas costumbres influenciaron el Norte de Francia y dieron origen al Derecho de Costumbres.

Hacia el Siglo V llegan a Francia los Francos, un pueblo germano venido desde Europa Central empujado por las invasiones de los Hunos. Ellos tienen una sociedad distinta de la de los pueblos galos romanos. Sus familias son clanes, donde hay un patriarca. Sus matrimonios son endogámicos, o sea dentro del mismo clan, y son polígamos. Son pueblos permanentemente en guerra, y están acostumbrados al rapto, al pillaje y a convivir con varias esposas a la vez, y en concubinato. Este tipo de matrimonios (friedelehe) distingue entre las esposas de primer rango y las de segundo rango o morganáticas. Pero sus hijos, de distintos matrimonios, son todos considerados iguales en los derechos sucesorios. Excepto que el jefe del clan o familia decida desheredarlos por algún motivo. Este jefe de familia también arreglaba los casamientos de sus hijos con quien le pareciera más conveniente para la economía del clan. Los francos ejercen influencia sobre el Norte de Francia con sus costumbres, pero no en la parte sur, donde ya en esa época está expandida la religión cristiana. Los reyes merovingios, en contacto con el cristianismo y su posterior alianza con el Papa de Roma, deben intentar cambiar sus costumbres bárbaras. Los primeros reyes francos son bautizados en la religión cristiana. A pesar de lo cual siguieron manteniendo sus costumbres tradicionales. Carlomagno, que es coronado emperador por el Papa León III en el año 800, y siendo un fervoroso creyente cristiano, nunca se casó en la Iglesia Católica, sino dentro de sus costumbres germanas, y al enviudar por tercera vez, vivió largos años con cuatro o cinco concubinas.

Poco a poco la Iglesia irá interviniendo y regulando cada vez más las costumbres sociales, hasta lograr un orden definitivo en toda Francia, bajo su tutela.

EL MATRIMONIO RELIGIOSO DE LA IGLESIA CATOLICA (DERECHO CANONICO):

En la Edad Media, a pesar de la preponderencia de la Iglesia sobre todo el conjunto de la sociedad, todavía no se acostumbraba a casarse delante de un cura. Se hacían ceremonias privadas con asistencia de familiares, cenas, bailes e intercambio de anillos de boda, y se firmaban los contratos de matrimonio. Dado que la mayoría de la población, incluso los nobles, era analfabeta, siempre era primordial la presencia de un notario. El contrato matrimonial aseguraba la justa repartición de las dotes y requería la presencia de numerosos testigos de las familias. Recién en el año 1215 en el Concilio de Letrán se declara al matrimonio como un sacramento de la Iglesia. Se establece que debe ser monogámico e indisoluble. Y que deberá ser asistido con la bendición del sacerdote. El Derecho Canónico entraba muchas veces en contradicción con las leyes regionales: por ejemplo, para la Iglesia la mayoría de edad para el matrimonio eran 12 años para las mujeres 14 años para los varones, y para la ley del Ancien Régime, por ordenanzas ducales y reales, en general, eran cerca de 30 años para los hombres y 25 para las mujeres, dependiendo de las regiones. La Iglesia no pedía el consentimiento paterno. Trataba de ordenar las costumbres que podían traer problemas a la sociedad, como muchos casamientos endogámicos o a veces hasta casi incestuosos. Para esto primero reglamentan el impedimento matrimonial de casarse hasta la categoría de 7 grados de relación de consanguinidad, pero luego lo bajan hasta la 3a (primos) y la 4ta.(primos segundos), mediante dispensas, dado que esto provocaba muchas parejas en concubinato, por la dificultad que tenía la gente de desplazarse hacia otras zonas y buscar otros pretendientes. La Iglesia también establecía, aparte de los impedimentos por consanguinidad, los impedimentos por afinidad. La afinidad es el grado de parentesco político que un cónyuge tiene con los parientes del otro. Se impedía el casamiento entre cuñados, suegros, yernos, nueras, etc. Y por último el derecho canónico también prohibía matrimonios donde existiera la afinidad espiritual: la relación que se crea entre padrinos, madrinas y ahijados.

EL CONCILIO DE TRENTO, 1563

En su camino por organizar los aspectos religiosos y morales del matrimonio, y en vista de los desórdenes sociales que existían en la época, no sólo en la sociedad civil sino dentro del mismo clero, y como forma de enfrentar las demandas del reformador Lutero, en lo relativo a la indisolubilidad del sacramento y al matrimonio de los sacerdotes, obispos de todo el mundo se reúnen en Trento, Italia, en un concilio que empieza en 1545 y termina en 1563. Uno de sus más significativos aspectos doctrinales y reformas fue el tema del Matrimonio. En este concilio se reafirman muchos puntos del anterior Concilio de Letrán, de 1215, como la indisolubilidad del matrimonio y la monogamia, y el carácter sacramental del rito, y se agregan algunos aspectos nuevos: en su carácter doctrinal, reafirma la institución del celibato sacerdotal: "Si alguno dijere que los clérigos ordenados de Mayores Ordenes, o los regulares que han hecho profesión solemne de castidad, pueden contraer matrimonio, y que es válido el que hayan contraído...sea excomulgado". En cuanto a las reformas, les pide a los curas que publiquen por tres veces consecutivas y en tres feriados sucesivos, "quiénes son los que han de contraer matrimonio", y que "tenga el párroco un libro en el que escriba los nombres de los contrayentes y de los testigos, el día y lugar en que se contrajo el matrimonio, y guarde él mismo cuidadosamente este libro". Restringe el impedimento a los parientes por afinidad (parientes políticos) sólo hasta el 2º grado (suegros, nueras, cuñados) y exime a todos los demás. Establece severas penas contra los raptores: "El Santo Concilio decreta que no puede haber matrimonio alguno entre el raptor y la robada, por todo el tiempo que permanezca ésta en poder del raptor". Les da la opción de casarse si ambos consienten en hacerlo, pero "quedarán no obstante excomulgados de derecho y perpetuamente infames". Decreta también sobre el casamiento de los vagos: " Muchos son los que andan vagando y no tienen mansión fija, y como son de perversas inclinaciones, desamparando la primera mujer, se casan en diversos lugares con otra, y muchas veces con varias." Exhorta a los párrocos a no casarlos. También pone penas graves contra el concubinato: "Grave pecado es que los solteros tengan concubinas, pero es mucho más grave, y cometido en notable desprecio de este grande sacramento del Matrimonio, que los casados vivan también en este estado de condenación, y se atrevan a mantenerlas y conservarlas muchas veces en su misma casa, y aún con sus propias mujeres". Estas prácticas, el rapto de seducción (llevarse a una niña seduciéndola para el matrimonio sin consentimiento paterno) y el concubinato eran prácticas muchas veces adoptadas por los nobles o los grandes señores.

A medida que la población iba creciendo, algunas cosas, como los impedimentos, se iban flexibilizando, y otras, como los controles de identificación de personas, se iban poniendo más estrictos.

EL MATRIMONIO EN EL ANCIEN RÉGIME - Continúa>>>